No huyas de la plaga

gráfica

De niña soñaba con caminar sola,

robarle dentelladas a el mar,

ser la cintura de los poetas,

la canción a la que siempre vuelves,

el recuerdo en el que querrías enraizar,

los ojos que solo hablaban de ella,

el corazón sin estrenar de Madrid,

la frase final de cada historia,

esas piernas para eternizar.

 

Pero la mujer en la que se convirtió después,

crujía sus nudillos en los semáforos,

apartaba la mirada de los besos de otros,

huir y ser huida se hicierón sinónimos.

 

Se palpaba el omóplato,

en busca de cicatrices,

y lloraba frente a el espejo en un “estamos a salvo “,

cuando la superficie de su piel,

era una página en blanco.

 

Aquellas lágrimas eran su antiguo credo,

no dejes que te rompan,

no te des a nadie,

no te dejes querer,

porque no sabrás/n.

 

Así que el plástico nació de sus uñas,

y la fue cubriendo,

con el brillo transparente como himno,

insegura y tambaleante,

como aquella,

que nunca se ha caído,

la muñeca de sus ojos,

esa a la que nunca se puede tener,

“muy chula,muy creída” susurran,

cuando entra en el bar.

 

Se aparta el pelo y sonríe,

derrumbándose en 500 salidas de emergencia,

que no tiene la mirada altiva,

es solo que si mira al suelo,

quizás el vértigo se la trague.

 

Su corazón se  oxígena del plástico,

respirando inmaculado,

envasado al vacío,

y ella que pensaba que esta,

era la forma correcta.

 

Una patada en los dientes grita,

quiero que me hagan recuerdo ,

ni tan dura,

ni tan químera,

rompedme,

que morir sin herida,

tiene mucho de suicidio.

 

Dicen que la encontraron frente a su cama,

tenía los ojos perdidos,

y una sonrisa parecida a las lágrimas,

fue una muerte lenta rezaba la hoja,

se clavó la flecha en el costado izquierdo,

la sangre le inundo la garganta,

retorciendose en un último beso,

su corazón se despedazaba extasiado,

en una carcajada muda,

que ella recibió como un disparo,

del revólver de cupido,

así,

pensó mientras de extinguía,

es como se siente el amor.

Alejandra Lara


Don’t flee from the plague

As a kid she dreamed of walking alone,

steal bites to the sea,

being the waist of the poets,

the song to which you always come back,

the memorie where,

you would like to put down roots.

 

Eyes that only talked about her,

the heart never touched of Madrid,

the last sentence of every story,

those legs to scream forever.

 

But the woman in who she become after,

rattled her knuckles in the traffic lights,

mover her glance away from other’s kisses,

to flee and to be aflight became sinonyms.

 

She touched her her shoulder blade,

searching for scars,

and cried in the mirror,

“we are safe”,

when the surface of her skin,

was a white sheet.

 

Those tears were her old creed,

don’t let them break you,

don’t give yourself away,

don’t let them love you,

because they won’t know how.

 

And the panic born from her nails,

slowly began to cover her,

with the transparent brughtness like a flag,

insecure and unsteady,

as those who have never fallen.

 

Doll in their eyes,

the one  you can never have,

“to cocky, to stuck up” someone whispers,

when she enters the bar.

 

She pulls her hair away and smiles,

breaking down in 500 emergency exits,

she doesn’t have a haughtly look,

it’s just that if she looks at the ground,

the vertigo may swallow her.

 

Her heart oxigened with plastic,

breathing untouchable,

vacuum packed,

her hands shaking,

she just thought that this,

was the right way.

 

A kick in the teeth,

she screams,

I want them to make me a memorie,

not so hard, not so chimera,

break me,

‘cause dying without sore,

is to much of a suicide.

 

They say that she was found near her bed,

her eyes lost,

and a smile smilar to tears,

it was a slow death,

sentenced the page,

she nailed the arrow on her left side,

blood flooded her throat,

her heart was tore apart in a rapt move,

in a shout of laughter,

that she received as a shot,

from cupid’s revolver.

 

Like this,

she thought while her eyes faded,

this is what love feels like.

Alejandra Lara

 

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Aprender a gritar

carlos-chaouen

Soy la última mirada de una despedida,

el tren que nunca vuelve

y se va con ella,

la canción que te arranca el corazón,

para volvértelo a partir,

la mirada a unos labios,

que no conocen a los  tuyos,

la lluvia en el portal,

y lo absurdo de enamorarse de recuerdos.

 

Soy esos paseos por Madrid,

las sonrisas que duelen,

porque ya se han partido los dientes,

tus manos en mi cintura,

el temblar de sentir,

y la carcajada muda,

que besa el derrumbe.

 

Soy el final de tu última página,

ese casi somos,

que firmaste con letra temblorosa,

el recuerdo que ahogas en los vasos,

las preguntas que tienen más de persona

que de palabra.

 

Soy el intento que precede a la caída,

la caricia que se confunde con piel,

esa llamada que te despierta,

cuando las grietas duelen demasiado,

un te necesito en voz baja,

que la versión débil de mi,

tiembla en tu móvil,

y el silencio en la otra línea.

 

Te oigo respirar,

y quizás nos pasásemos así toda la noche,

sin decir nada,

pero gritándolo todo,

tú en otra cama,

sintiéndonos en esa mirada muda,

que se ríe de las distancias.

 

Ninguno perdió la guerra,

y la bandera del “Lo siento”

se clavó entre nosotros,

como el tratado de paz,

que nunca quisimos firmar,

pero mientras las corazas caían,

y el hierro aflojaba las cadenas,

cerraste los ojos pensando en mi,

otra vez,

dispuestos a volvernos consecuencia.

Alejandra Lara

 

 

Te voy a doler

 

HANDS

Me quiero quedar aquí,

hacerme pequeña

y arrancarme los cristales,

besarte en esa cicatriz compartida,

que nos vamos a clavar.

 

Me quedo quieta mientras me abrazas,

cuando el corazón tiembla,

pestañear es un deporte de riesgo,

tus manos se parecen a el grito,

que precede a el fin del mundo.

 

Siempre fui de peligro,

me escondía bajo su falda y lo llamaba hogar,

quizás por eso tengo tanto de naufragio.

 

No te pido que trages agua por mi,

ni siquiera que me sostengas

mientras me inundo,

pero déjame memorizar tu espalda,

el inconformismo de prolongar los finales,

y tu alma de huracán.

 

Solo cierra los ojos,

deja que el amor se contagie  de tragedia,

la tierra se aferrará a mi garganta,

las raíces me tragan,

¿Y sabes?

si me voy ahora,

nunca me vas a olvidar.

Alejandra Lara

12:58

Tragando tierra

 

 

manos

Somos la generación precipicio,

tenemos los huesos rotos,

y arterias que solo saben llorar,

heridas que arden más que las botellas,

caídas que nos han partido el cuello,

sangre con más vida que miedo.

 

Puede que ya estemos torcidos,

la grieta del dos mil,

la plaga del futuro,

pero nos desgarramos con los dientes

y sonreímos en esa mueca discontinua ,

de aquellos que han aprendido a volar.

 

Somos los niños perdidos de Peter Pan,

hemos vuelto con los colmillos afilados,

cargados de vuestros espectros,

nos hemos manchado los tobillos en vuestro fango,

en ese que ordenabais no pisar,

mientras vuestras botas chorreaban de barro.

 

Hemos crecido,

corrosivos como las consecuencias,

maleducados,

equivocados.

 

Hemos firmado un contrato con el desastre,

ponemos los pies sobre la mesa,

las cortinas de principios,

se suicidan bajo nuestros pies.

 

Os aferráis a sus tobillos,

las épocas cambian decíais,

es normal a su edad,

pero los días se vaciaron en espejos,

la vejez os sonríe a el otro lado,

ellos decoran las paredes con vuestros huesos,

y eso que vuestros corazones siguen hirviendo.

 

¿Sabéis? ahora vuestras crías,

no os gritan por no poner la mesa,

ni se quejan de lavarse las manos,

ahora han cambiado las canicas por el mundo,

y sus pataletas,

aquellas de las que os reíais con indulgencia,

se han diagnosticado cordura.

 

¿El precio?

TODOS.

 

Pd: La próxima vez que escupáis sobre la juventud, recordad que la arcilla era la correcta y que el problema fue de vuestras manos.

Alejandra Lara

1:14

 

 

 

Alejandra Lara

 

 

 

 

 

Esta vez, soy yo

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Soy de sentir dos veces,

con  la primera me tiembla la espalda,

y me deshago sin consecuencias,

la otra es la más triste,

porque las segundas veces,

vienen con experiencia,

y me susurra al oído,

que tampoco esta vez,

me han acariciado el corazón,

de la forma correcta.

 

Soy de escuchar la misma canción,

hasta que la confundo con mi piel,

besar los mismos labios,

aunque cambien las personas,

de querer sin importar que siempre acabe,

en un “no lo suficiente”,

y creer,

como si las ilusiones ,

fueran mi único oxígeno.

 

Soy de escribir en letras mayúsculas mi nombre,

para recordarme que aún estoy aquí,

de esconderme bajo las sábanas,

cuando el mundo duele demasiado,

y de escapar como si fuera un instinto,

la mitad de mi ,

me obliga a irme,

“si te quedas “susurra,

te ahogarán .

 

Tengo un holocausto en la memoria,

miles de personas rotas,

gatos que ya no saben llorar,

distancias con nombres de pasado

un tú sin apellido,

y demasiadas palabras.

 

Tengo tantos miedos,

que podría convertirlos en país,

libros que se desangran en mis estanterías

recuerdos que gritan ser presente,

ausencias con huellas

y partes de mí que aún no he aprendido a encajar.

 

Quizás yo sea un puzzle complicado,

pero hace tiempo que he dejado de cortar mis piezas,

en ese intento parecido a destrozarse,

tratando de aprender a encajar.

Alejandra lara