Cuerpos en guerra

 

He visto el amor morir tantas veces

que algunas noches

cuando mi espalda no encuentra tus brazos

tiemblo

pensando que vienen a por nosotros.

Alejandra Lara

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Por si vuelves a verla

poema

 

Nunca dijiste que sería fácil

pero olvidaste mencionar

eso

de que el peligro se ajusta a tu espalda

como un par de alas,

y no puedo evitar reirme,

al tocar el papel en mi bolsillo

con tu número tatuado,

aún lo guardo,

aún te guardo,

junto a la marca de pintalabios rosa

que ni el tiempo ha podido borrar,

 

y es septiembre,

alguien llora,

pero ambos sabemos que no eres tú,

el frío es un  punto de vista decías,

la distancia,

otra forma de encontrarse,

luego te morderías el labio

y dirías que llegabas tarde,

que tenías que irte

te preguntaba con quién

respondías que sola,

por eso de

no perder las manías.

 

Me acostumbre a tus pasos alejándose,

al sonido de tus zapatillas

resbalando por encima de los charcos,

tan tuya,

en  medio de todo,

y pensé que a pesar de las cicatrices que tapabas

habías aprendido a volar.

 

Esta vez,

después de todo  ,

soy yo quien tiene que irse,

porque yo no sé levantar el vuelo,

y los pájaros solitarios,

nunca han sido de mirar hacia abajo,

te dejo con tu cielo,

y con la idea

de que si un día entre los tuyos

con tus pájaros

habláis de los de abajo,

recuerdes que uno ,aún te quiere.

 

Alejandra Lara

 

 

Hasta que nos llegue septiembre

 

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Quiero besos cargados de cerveza

frases inseguras de amor de verdad

quiero una de verano en vena

tu mano acariciando la mia

sentir tu  pulso  inseguro

al saltar el acantilado

tu risa en mi hombro

piel con piel

en un puro acto de cenizas

corazones que se queman

sal en los labios

no quiero que me dediques una

porque nos adueñaremos de todas

y así me recordaras en cada canción

todos tus veranos.

 

Así que bailemos,

quédate con mi cintura,

no hacen falta las palabras

entre los que respiran al mismo ritmo,

olvida que pronto nos llegará septiembre,

me miras,

tu nariz en mi mejilla

y susurras en mis labios,

que te recuerdo al mar.

 

Las luces nos miran ,

y lo mejor de esto ,

es la falta de  necesidad,

te digo que no tengo ganas de ti

que solo a ratos,

tú ries

me abrazas más fuerte,

nos miramos

y somos,

en  presente.

 

Alejandra Lara

 

 

 

 

 

 

Cuando era mía

 

opo

Ahora que han caído las mareas
podemos mirarnos a la cara

Tú me dirás que me quieres
y yo fingiré no haber recibido la bala
morderé mis nudillos
dirás que me favorece el pintalabios
caminaré torcida
buscando la salida de emergencia
tus ojos fijos en mi espalda
¿sabré salvarme?

Tu carcajada me perfora
cuando abro la última puerta
el viento me despeina
noto el sudor en mis huesos
vomito por la borda
me aferro a la barandilla
coges mi cintura
dicen que somos perfectos
mis ojos cubiertos de pánico
lloran en silencio

Me has alejado de todo
el mar sacude mi espalda
intento abrazar el metal
lanzarme y mezclarme
besar el final
para hacerme principio,
pero solo mis lágrimas,
vuelven al mar.

Recuerdo mis alas,
acaricio mi espalda,
encuentro tu mano
y un desgarre de cicatrices.

Alejandra Lara

No sé si te lo he dicho, pero eres mi hogar

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Una vez leí que somos naranjas partidas,

condenadas a buscar nuestra otra mitad,

en el esquizofrénico acto

de aprender a querer.

 

Dicen que cuando te vi por primera vez

toque tu diminuta cara,

y así como si alguien hubiera

escrito la escena,

se me calló una lágrima.

 

Mamá tiene la teoría de que

yo lloré,

porque sabía

que había encontrado el amor de mi vida.

 

Catorce años después,

a demasiados kilómetros de distancia,

vuelvo a ver tu cara,

esta vez no puedo acariciarte,

pero de nuevo,

mientras te acurrucas en mi cama,

intentando no echarme de menos,

desde la otra parte del mundo,

se me vuelven a caer las lágrimas,

porque todo yo te necesita.

 

Ya sabes que no se me da bien querer,

me cuesta porque a veces duele,

pero quererte a ti es como respirar,

no se elige,

sólo se respira.

 

Yo también te busco cuando me voy a dormir,

corro por el pasillo cuando tengo miedo

incapaz de decir adiós a mis fobias,

y con dificultad me libro del impulso de llamarte,

clau,clau ¿Estás ahí?,

me quedo pensativa un rato,

riéndome sola con tu recuerdo,

tu voz tintineante respondiendo,

un “que sí, pesada, estoy aquí”.

Nunca se nos ocurrió

que un día no fuéramos a estar.

 

Echo de menos tu música,

tus piernecitas bailando,

al son de unos calcetines rojos

demasiado largos,

y el grito de cansancio

de una yo con dolor de cabeza,

pidiéndote bajar la música,

esa que has convertido en tuya.

 

A lo que tú respondes con un movimiento ochentero ,

de tu propia invención,

y yo no puedo,

sino ser feliz contigo.

 

Después dirías, “Hoy cocino yo”,

armada con tu cuchara de madera,

te conviertes en el terror de los espaguetis,

mientras somos en la cocina,

tu pelo no se aguanta la risa,

se contorsiona en una carcajada,

por eso siempre estás despeinada.

 

Cuando voy en coche a mi instituto,

te imagino corriendo,

llegando tarde como siempre,

con la nariz roja,

la chaqueta olvidada en la entrada,

no crees en el frío.

¿y quién podría culparte?,

si en ti siempre es primavera,

ojalá estuviera ahí ahora mismo,

cogiéndote de la mano,

riéndonos por alguna tontería,

mientras yo te digo que llegamos tarde.

 

Vaho recorre mi ventana,

juraría haber visto tu risa,

me giro pero tu no estás.

 

De nuevo eres mi única lágrima,

y lloro sin decírtelo,

porque a Canadá le faltas tú,

intento no pensar en ti a menudo,

porque   cuando lo hago

siento en cada hueso de mi cuerpo,

el océano que nos separa,

los  7.242,33 km entre nuestros cuerpos,

el vértigo me inunda,

los ladrillos caen sobre mi pecho,

¿sabes?

te necesito.

 

Tú me dices que tienes miedo a el invierno,

porque ahora cuando conquistas el sofá,

y te apoderas de una manta,

te estiras y no te encuentras conmigo,

nuestros calcetines peleándose ,

mientras la una se duerme en la otra,

viendo una de esas películas que yo elijo,

solo para impresionarte,

no sé si lo he conseguido,

ni si lo sabes,

pero la intención de todos mis pasos,

es que tu me des la mano

y me preguntes con los ojos muy abiertos,

cómo lo he hecho.

Quizás por eso me he ido tan lejos,

porque con el tiempo impresionarte

se ha vuelto más dificíl,

por favor no me pidas que te enseñe este paso,

esta vez no me imites,

porque siempre me mejoras

y no quiero volver a tenerte lejos.

 

Pensando en nuestras tardes de netflix,

me llega el olor de las palomitas,

de mi voz adormilada en tu

jersey de rayas,

pidiéndote que me las trajeras,

por eso clau, diría yo

es que tú las haces mejor,

pero la verdadera razón era que

sólo quería ver tu pelo recogido

en ese moño saltimbanqui,

correteando por el pasillo.

 

Me duele que me escribas

“te echo de menos todo el rato”,

porque sé que te he hecho daño,

e intentar protegerte a sido mi

única meta desde que me hicieron el regalo,

de ser tu hermana mayor,

no sé si me ha dado bien,

pero siempre he intentado

apartar las piedras del camino,

aunque la mayor parte de las veces,

pesan demasiado para mí

y las dos tenemos que arañarnos las manos,

para quitarlas de en medio.

Entre el ruido tu sonríes

y me dices,

“Lo conseguimos”.

Trato de salvarte siempre que puedo,

recibir todas las balas,

con tal de que no te rocen,

aunque algunas me perforan

y mi metro cincuenta

no resulta  barrera suficiente

y la metralla nos cubre a las dos,

pero  incluso entre el caos,

nos damos la mano

y ya no hay enemigo

que pueda con nosotras.

 

No importa a donde vaya,

a partir de ahora,

te secuestro en mi maleta.

 

Alejandra Lara